| Toldos, mesas y sillas nuevos recibieron a visitantes en La Reforma

Tugurios les hicieron falta

Las covachas o ranchos hechos con sábanas, cobijas y trapos que ponían los presos para recibir a las visitas, y que se prestaban casi que para cualquier cosa, comenzando con un ilegal negocio de alquiler, ayer fueron los grandes ausentes.

A las 6:30 de la mañana nos colamos en la fila y comprobamos que muchas familiares de los reos estaban bien enojadas por el cambio.

Durante casi 30 años las covachas o tugurios eran el “pintoresco” escenario que armaban los presos y los más vivos hasta cobraban ¢10 rojos de alquiler.

Ayer lo que había para el encuentro era un amplio espacio en el gimnasio, aulas y patio con toldos, además de sillas y mesas nuevas.

El Ministerio de Justicia eliminó las covachas porque, según el director de La Reforma Rodolfo Ledezma, servían para que las visitas y los reos se pasaran droga, armas y a veces tuvieran relaciones sexuales sin importar que cerca hubiesen chiquitos.

“Nosotras queremos estar con ellos con o sin covacha, pero antes uno podía conversar en más confianza, ahora todo el mundo está con la oreja parada. No todos venimos a hacer cosas malas, además nos quitaron una hora de visita”, brincó Ana Pérez, de Desampa.

Otra de las que estaba muy molesta es una mujer que se identificó como Kathia y quien visita todos los sábados a su hijo y a su hermano. “Vine desde las 9 de la noche del viernes a hacer fila y ahora me dicen que solo puedo entrar a ver a uno de los dos porque los privados que no reciben visita no pueden salir de las celdas. Se tienen que quedar en el módulo, eso no es justo, antes los veía a los dos”.

Algunos visitantes pasaron toda la noche en las afueras del “tabo”.

“La intención es que las familias puedan compartir más, es un cambio positivo, más seguro, así también vamos a tener más control de la visita, se invirtieron casi ¢307 millones, estamos garantizando más higiene y un mejor ambiente”, dijo Ledezma.

El ingreso ayer también fue diferente. Los oficiales fueron bien puntuales, a las 8 se abrieron los portones.

Los visitantes pasaron por la requisa, después a la revisión de la comida, y también por la perra detectora de droga que hizo que a más de uno lo revisaran bien.

Al ingreso algunos pusieron cara de sorpresa al ver los cambios, pero también de desilusión.

Más de 400 oficiales penitenciarios se encargaron de velar por la seguridad, lo normal es que lleguen 180, pero para evitar un despelote se tomó esa medida.

“A mi me gustó el ambiente, es más familiar, no deja de ser peligroso, pero a veces uno se resiste al cambio. Lo importante es que ellos estén bien y podamos compartir este poquito tiempo”, dijo una de las visitantes que se identificó como Anita.

A la visita de la mañana ingresaron 977 personas. A la una de la tarde fue la segunda tanda.

En La Reforma hay 3300 privados de libertad.

A los chiquitos que llegaron a ver a sus papás les regalaron libritos para pintar, les dieron merienda y una caja con dulces.

La semana pasada los internos estuvieron en huelga de hambre por los cambios en el lugar, además 30 líderes involucrados con el negocio de las covachas y otros “bisnes”, fueron trasladados a otras cárceles.

Creo que...

Rodolfo Ledezma

Cristian Araya para LT

Director

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