| bribris, malekus y cabécares realizaron la jalada del bote

Se echan tradición al hombro

Justo Torres Layan tiene varios días comiendo como Dios manda, pues le esperaba un rudo reto que debía conquistar.

Este vecino de Bambú, Talamanca, se dejó llegar como los valientes para jalar un enorme bote de una tonelada de peso por media montaña.

“Esta jalada no es jugando hay que tener bastante fuerza para poder llevarlo desde la montaña hasta la aldea”, confirmó el indígena bribri.

Lo bueno es que Justo tuvo la ayuda de 40 hermanos con los que sacó la tarea; entre ellas mujeres, que sirvieron de guía para los fortachones que sacaron caja y se echaron al hombro una tradición ancestral.

“Esta es una tradición que se llama la jalada de bote, la realizaban los antepasados indígenas como símbolo de unión, solidaridad y trabajo. Ahora lo estamos haciendo para enseñarles a los más pequeños sus raíces”, dijo el talamanqueño Torres quien quedó con la lengua afuera después de dos kilómetros abriendo trocha entre las montañas de Amubri.

Merecido fiestón. La jalada de bote se realizó este sábado para celebrar el Día del Indígena costarricense y llegaron grupos de malekus, bribris y cabécares que pasaron dos días juntos comiendo, bailando y echándose unos buenos tamarindazos de chicha.

“Esta es una experiencia única y estamos muy contentos de compartir con nuestros hermanos talamanqueños, honrando a la madre naturaleza y celebrando nuestro día”, compartió Claudio Ortíz, vecino de Cabagra de Buenos Aires de Puntarenas quien se apuntó a cambiar la fecha que oficialmente es el 19 de abril.

Durante la “tafies” se hicieron bailes tradicionales como el sorbón, también realizaron oraciones y cánticos a la naturaleza.

La jamita se sirvió en hojas de plátano y se repartió a todas horas, una de las que más comió fue la pequeña Alejandra Canda Lacayo quien llegó con su mamita.

La actividad se aprovechó para homenajear a Fernando Lizana, de la UNED, quien se ha encargado de preservar y promover las tradiciones y cultura de los indígenas de todo el país.

“Para mí es un completo honor que me reconozcan como parte del grupo y que me permitan experimentar la vida de los primeros habitantes de Costa Rica”, dijo el investigador y profesor a quien le entregaron un arco y una flecha hechas de manera artesanal.

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