| Feria de empleo de la Coca Cola inundó de gente a Calle Blancos

Se destapó el filón

Desde hace cinco meses Keylor Pérez está buscando brete y nada que encuentra. Cuando supo de la feria de empleo de Coca Cola Femsa no lo pensó dos veces y llegó ayer a Calle Blancos.

Sin embargo, al vecino de San Sebastián se le paró la peluca cuando vio la enorme fila, de más de un kilómetro, que tenía que hacer para llegar al portón principal del puesto número tres, donde se concentraba la actividad.

“Nunca me imaginé que iba a encontrar tanta fila. Espero que me dé chance de llegar antes que se termine la feria”, dijo el muchacho de 30 años y tata de un pequeño.

Keylor llegó a las 10:40 a.m. pero otros madrugaron para estar entre los primeros en la entrega de los documentos y pulsera uno de los 80 puestos.

“Nos indicaron los guardas de seguridad que el primer señor llegó a las tres de la mañana a hacer la fila y desde entonces se hizo cada vez más larga”, aseguró Kenneth Tenorio, auxiliar de capacitación de recursos humanos para Centroamérica de Coca Cola Femsa.

Uno de los que llegó tempranito fue José Zúñiga, quien se trasladó desde Acosta en moto y llegó a la fila a las 7:30 a.m.

“Habían unas cien personas antes pero por dicha pude entregar los documentos y hacer la entrevista”, dijo el joven, padre de un pequeño y quien aplicó para trabajar en mantenimiento.

La feria se realizó de 9 a. m. a 1 p. m., y como la fila se mantenía con mucha gente, varios encargados de la empresa salieron para recoger los documentos de los que ya no tenían oportunidad de entrar. “Para nosotros todas las personas son valiosas y no queríamos que perdieran el esfuerzo de llegar hasta aquí, así que recogimos todos los currículum que estaban en la fila y ahora montaremos una base de datos para escoger, según las cualidades, a las personas más capacitadas para los puestos”, explicó Marina Rodríguez de asuntos corporativos.

Se espera que en tres semanas estén llamando a los elegidos.

Toda la “family”

Francisco Díaz y su novia Jennifer Calderón aprovecharon para tentar la suerte con un bretecito.

“Chico” aplicó para el puesto de seguridad y ella llegó en busca del que le saliera.

“La cosa está tan dura que hay que buscar trabajo en lo que sea”, dijo la joven, quien se mandó la fila junto a su hijo Matías, de dos años.

“No tenía quién lo cuidara y tuve que traerlo. Le alisté chupón y meriendas”, detalló Jennifer.

Francisco se la jugaba como guarda de seguridad y se quedó sin trabajo hace una semana. Jennifer trabajó como miscelánea por un tiempo, hace dos meses, pero ahora no tiene cómo ganarse la platica para la leche y los pañales del pequeñito. Ella espera tener suerte y ser elegida.

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