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Ellioth Ramírez: joven muy buena nota

Quedarse sin ocho dedos de las manos no fue suficiente para alejar a Ellioth Ramírez de su gran amor: la música y especialmente la trompeta.

Por más increíble que parezca, el valiente joven, de 20 años,  venció su limitación y logró reencontrarse con su arte y demostrarle a sus amigos y familiares su fortaleza.

Ellioth sufrió severas quemaduras cuando le cayó el líquido de un transformador que le explotó muy cerca.

El accidente, ocurrido la tarde del 30 de agosto del 2013, mantuvo al   joven ocho meses en el hospital de Trauma del Instituto Nacional de Seguros (INS).

“Estar en el hospital no es nada bonito, es muy duro estar encerrado. Ahora que estoy en la casa me siento yo otra vez, puedo hacer lo que me gusta, salir cuando quiera, tocar la trompeta, reunirme con mis amigos, es otra cosa”, relató Ellioth muy optimista.

Ellioth Ramírez junto a su madre, Laura Varela, y su hermano, Jason, celebran la recuperación del joven tras las quemaduras.
Ellioth Ramírez junto a su madre, Laura Varela, y su hermano, Jason, celebran la recuperación del joven tras las quemaduras. (María Salazar)
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  Laura Varela, mamá del joven, agradece a Dios por permitirle a su hijo recuperarse y retomar su vida.

“A él todavía no le  han dado de alta en el hospital de Trauma del INS, tiene que estar yendo a citas de control y todo eso, pero verlo tan bien es muy gratificante. Ya mi Ellioth volvió a ser el mismo de antes del accidente. No le han dicho vamos cuando ya está en la puerta para ir a pasear, el que toca la trompeta, el que siempre está de buen humor y el que siempre tiene una sonrisa”, aseguró.

Ramírez relató que una de las etapas más duras de la recuperación ha sido aprender a vivir con las cicatrices que le dejaron las quemaduras.

“De la cintura para arriba estoy prácticamente todo quemado y al principio era muy difícil salir a la calle y ver que la gente se le quedaba viendo a uno, pero poco a poco uno se va acostumbrando a eso”.

Ellioth dice que actualmente los médicos están analizando si es factible operarle una mano para corregir lesiones de las quemadas.“Me están haciendo exámenes porque la mano izquierda cuando cicatrizó me quedó un poco encogida y eso podría corregirse con una operación, pero eso todavía no está definido”.

El valiente recuerda las curaciones como  los momentos más rudos. “Al principio duraban hasta una hora curándome y el dolor que sentía era tremendo, pero no todo en el hospital era malo, conocí personas que se convirtieron en buenos amigos y todavía mantengo contacto con ellos”, aseguró.

Doña Laura, por su parte, en esa difícil etapa, se dedicaba a quitarle los antojos  que le daban.

“Yo llamaba a mi mamá y le decía que me trajera comida, lo que más le pedía eran tortillas de queso”, contó el joven.Ellioth asegura que ahora solo le queda sacar el bachillerato.

“Cuando pasó el accidente yo estaba en décimo año, ahora estoy pensando en retomar mis estudios a distancia para sacar el cole”.

El percance que le cambió la vida al joven  luchador ocurrió cuando Ellioth caminaba con el hermano por el costado norte de la iglesia de San Ramón.

Cerca de ellos iban pasando Anabelle Granados Álvarez, de 51 años, con la nietica, de cinco años.

Cuando Ellioth vio la explosión del transformador le pegó un grito a la mujer y la empujó para que ella y la niña no resultaran heridas. 

En ese momento,  el líquido derramado por el transformador le cayó encima a Ramírez, causándole quemaduras en el  40% del cuerpo.

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