| Más de 500 personas hicieron el vía crucis a la Cruz de Alajuelita llenos de peticiones y agradecimientos

A Dios rogando y con el mazo dando

Desde hace seis meses las familias de Marielos León y Cristina Jiménez la están viendo fea.

Sus esposos se quedaron sin brete y por más currículum que han mandado a diferentes empresas no los llaman de ningún lado.

Esa difícil situación las llamó a participar ayer del vía crucis hacia la cruz de Alajuelita, una tradición de más de 60 años que se dejó de hacer por un tiempo luego del asesinato de siete mujeres en 1985, pero que se ha retomado con fuerza en los últimos años.

“Despidieron a nuestros esposos y hemos pasado momentos muy difíciles. El mío es abogado pero ahora está buscando trabajo en lo que sea”, aseguró Marielos León, cuya triste historia también atraviesan tres mil costarricenses más que fueron y serán despedidos de Intel y del Bank of América.

Estas fieles, junto a unos 500 peregrinos, sudaron la gota gorda subiendo los seis kilómetros que hay desde El Llano hasta la cruz en una peregrinación que se celebra el Sábado de Pasión (antes del Domingo de Ramos).

Partieron a las 8: 30 a.m. de la iglesia y duraron dos horas para completar el duro recorrido, cuyo primer reto es la cuesta que de calle Mora - calle asfaltada y empinada- que obliga a los peregrinos a meter la doble tracción y es cuando aparecen los primeros gemidos y lamentos.

Luego sigue la cuesta de calle Santa María de la Cruz -rudísima y un polvazal- que ayuda a sacar todos los pecados, y así, de a poco, y con mucho esfuerzo, continúa el ascenso, en el que ayer como aspecto refrescante participaron muchos jóvenes creyentes y comprometidos con Cristo.

Roy Garro fue uno de ellos y nos contó que todos los años hace la caminata desde que tenía 5 años y ahora tiene 18.

“Me encanta, es un lugar con una linda vista y mucha vegetación”, nos contó.

El vía crucis concluye con una misa a los pies de la gran cruz y un almuercito familiar.

Después a emprender la bajada, pero eso ya es otra historia.

Descuidado signo de amor

La Cruz de Alajuelita luce descuidada, sin luz, rayada y olvidada. Hace seis años le metieron mucha plata con lámparas, pintura y azulejos, pero de eso nada queda.

Los vándalos se llevaron además de los transformadores, el cobre y el aluminio.

Hoy los encargados de la iglesia de El Llano están haciendo colectas para iluminarla de nuevo.

Según nos contó el padre Javier Fernández, llevan recogidos ¢2,5 millones pero hace falta mucho más (no especificó cuánto). La idea es que a fin de año la cruz luzca bonita de nuevo.

“La cruz nosotros no la vemos como un instrumento de tortura y muerte, sino como un signo de amor. Contemplemos en la cruz el amor de Dios que nos quiso liberar”, aseguró Fernández.

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