| Exréferi incapacitado para el resto de la vida ganó pulso a fedefútbol

Dramático pitazo de alerta

Un esguince en el tobillo izquierdo, lesión que bien atendida no debería dar mayor problema, no solo alejó a Alejandro Orozco del arbitraje para siempre, sino que le dejó una enfermedad para toda la vida.

Orozco, vecino de Agua Caliente de Cartago, no estaba asegurado con la Caja ni tenía póliza del INS cuando se lesionó el 15 de noviembre del 2008, cuando fue línea en el juego de la Segunda División entre Grecia y Coto Brus, en el estadio Allen Riggioni.

El esguince se complicó y sin póliza ni seguro el réferi quedó en una difícil situación económica y personal que lo llevó a demandar a la Federación de Fútbol.

El pasado 25 de febrero el Juzgado de Seguridad Social de San José determinó, en un histórico fallo, que aunque no había un contrato sí existía una relación laboral por lo que la Fedefútbol, la Liga de Ascenso y el INS deben pagarle ¢35 millones.

Orozco nos habló de lo vivido en estos más de cinco años de lucha.

–¿Cómo se lesionó?

–Era el minuto 28, iba corriendo, el balón se detuvo, paré de pronto y ya no pude correr más, me torcí el tobillo izquierdo. Había un hueco y la cancha estaba húmeda.

Traté de moverme y no pude, ingresaron los médicos, me sacaron a la pista de atletismo, me acostaron, cuando me quitaron la media yo no soportaba el dolor, no podía moverme. Ya tenía el tobillo completamente hinchado, era característico de un esguince grado dos, me inyectaron porque no soportaba el dolor. Me trasladaron en ambulancia al hospital de Grecia y ahí me enyesaron.

–¿Qué pasó luego?

–Al día siguiente no aguantaba el dolor, pasaba en el sillón llorando, no podía dormir. Fui al hospital de Cartago para que me quitaran el yeso porque tenía completamente negro hasta las zonas de los genitales e hinchado el pie, ya casi a reventar. Me decían que era normal, que no me lo podían quitar porque no podían pasarle por encima al hospital de Grecia.

Me trajeron (a la casa), a los tres días me volvieron a llevar (al hospital de Cartago) porque no aguantaba, no dormía. Me volvieron a decir que no me lo podían quitar.

Cuando me quitaron el yeso, creo que fue 22 días o un mes después, en la madrugada me pasaron a emergencias en una ambulancia, yo ya no podía, me afectaba para respirar. El testículo izquierdo estaba hinchado, el lado izquierdo del abdomen estaba negro, ya iba para arriba todo.

Me vio un dizque médico. A las tres de la mañana me hicieron una radiografía y me dijeron que eso era normal, la inflamación, que eso se me iba a ir quitando.

Al siguiente día, un médico amigo mío me dijo que me hiciera unos exámenes de sangre por fuera y me llevaron a una clínica en Cartago. Me dijeron que tenía que irme inmediatamente para el hospital, no me dieron explicaciones.

Me fui en un taxi para emergencias y cuando entregué los papeles me asusté porque sacaron una camilla, me llevaron corriendo a hacerme un ultrasonido y los especialistas me dijeron que estaba grave, que no me podía mover. Tenía un coágulo en un pulmón, el yeso me había ocasionado una trombosis venenosa profunda.

Dijeron que era para que ya estuviera muerto, duré varios días internado y cuando me iban a dar la salida no me dejaban irme porque no había seguro ni pólizas.

–¿No tenía seguro?

–No, porque trabajábamos para la Federación. Tampoco pólizas en el INS.

–¿No estaba asegurado por su cuenta?

–No.

–Y entonces, ¿cómo lo atendieron en el hospital de Grecia cuando se lesionó si no tenía seguro?

–Como todo el mundo nos conoce, cuando entré al hospital ahí los médicos solo “profe” le dicen a uno como árbitro. Ni tan siquiera me solicitaron el carné, no me pidieron nada. Luego aquí (en el Max Peralta) no me dejaban salir, mi esposa firmó unos documentos donde ella se hacía responsable.

Yo estaba en silla de ruedas porque no podía caminar, se me empezaron a hacer úlceras en los pies y me llegó una factura bastante elevada de la Caja, no recuerdo el monto, pero era de millones.

A los días me hicieron unos exámenes, me operaron el empeine izquierdo y la anestesia no me pegaba de lo hinchado que estaba.

Fue cuando me dijeron que en vez de ir para adelante, iba para atrás, y me tenían que hacer una operación solo hecha en Europa, se llama procedimiento del cambio de vena, era muy riesgosa, podía morir porque tenían que sacar y meter venas.

–¿Qué le hicieron?

–Me pusieron más de 300 puntadas en las dos piernas para cambiar venas, poner baipases. Debajo de los testículos me abrieron. La operación duró más de 12 horas y me dieron la salida porque estaba la (bacteria) comecarne en lo peor.

–¿Usted no padecía de nada antes del problema del tobillo?

–No, yo era una persona muy sana, eso lo provocó el yeso. Ahora padezco de presión alta, sicológicamente esto ha sido duro, tengo que estar en citas médicas todas las semanas por el resto de mi vida.

–¿Esas citas para qué son?

–Cada 15 días me deben hacer exámenes de sangre para que no esté muy espesa o muy rala.

–¿Cómo hace ahora con el Seguro?

–Hace como tres o cuatro años me aseguraron por el Estado.

–¿Ahora debe usar el bastón por el resto de la vida?

–Sí, de hecho los dictámenes aparecen con que yo quedo con discapacidad. No puedo correr, no puedo caminarle mucho, solo puedo hacerlo muy poco. No tengo fuerza en las piernas, están flácidas y si me caigo, se puede desprender el baipás.

–¿Para qué es el baipás?

–Para que bombee sangre a las piernas porque a mí me sacaron la vena Safena, que viene del cerebro al corazón y del corazón manda sangre a las piernas.

–¿Cuándo empezó a tocarle la puerta a la Federación para que lo ayudaran?

–Cuando me hicieron las primeras operaciones, en diciembre del 2008. Me llamó Víctor Hugo Alfaro, que era el presidente de la Comisión de Arbitraje en ese momento, le dije que ocupaba una silla de ruedas y me dijo que tenía que ver qué hacía, si una rifa o qué para comprármela. Le dije que por qué hacía eso, que ellos eran mis patronos y me dijo que recordara que nosotros trabajábamos porque queríamos, no porque ellos fueran nuestros patronos.

Me llamó Efraín Rodríguez (representante del arbitraje) para insultarme, yo en silla de ruedas, para decirme que seguro yo quería sacar dinero cuando no había puesto ni una demanda. Con esas dos cosas, el abogado Manuel Francisco Umaña dijo que me quería ayudar a llevar la demanda y acepté. Ahora estamos en proceso de la demanda hacia la Caja.

–¿Qué hará con la plata de la demanda?

–El dinero no lo es todo, si puse la demanda fue por el bienestar de mi familia. Yo debo mi casa, ese es uno de mis sueños cancelarla, son como ¢4 millones ( lo que debe).

–¿De qué viven?

–Mi esposa (Wendy Meneses) corta pelo acá (en la casa). El IMAS les ayuda simbólicamente a mis hijos que estudian (Kevin, de 18 años; Alyson, de 11, y los trillizos Andy, Andrew y Anyel, de casi 4 años). Algunos árbitros me han ayudado como Wálter Quesada, Leonel Leal, Edwin Medaglia, son tantos...

–¿Cuál es la relación laboral de los árbitros con la Federación?

–Como nunca había sucedido algo así hasta que me pasó a mí, fue cuando nos enteramos que no había pólizas.

–Pero usted sabía que no tenían seguro...

–No, ahí no hay una persona que hable con usted como cuando se llega a una empresa (a trabajar). Después lo empiezan a llamar a uno para presentarse a entrenamientos y todos pensamos que teníamos una póliza.

–¿Nunca preguntó si estaban asegurados?

–Es que como nunca había pasado nada hasta que me pasó a mí, fue cuando nos enteramos que estábamos sin nada. Los (árbitros) de ahora están pagando una póliza, creo que del Magisterio Nacional, pero la pagan ellos.

A los nuevos les aconsejo que cuando ingresen consulten por todos sus derechos como empleados de la Comisión.

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