| Maestra da seis niveles a la vez y se resiste a ir a huelga

Una lección para todos

Doña Seidy Dávila tiene sangre de verdadera educadora.

Esta “supermaestra” trabaja desde hace cuatro años en la escuela Carolina Dent, en Sagrada Familia, donde se encarga de dar clases a chiquitos del “Aula edad” (ver recuadro) desde hace dos años cuando el MEP creó este proyecto como un plan piloto.

Doña Seidy, vecina del barrio Las Bellotas de Alajuelita, les enseña en una misma clase a 22 niños de primero, segundo, tercero, cuarto, quinto y sexto año y lo hace al mismo tiempo.

Aunque parezca difícil de creer, la educadora debe dividirse para enseñarles a todos y, como si fuera poco, tiene solo un año para hacerlos ganar el curso.

En el mismo grupo tiene un joven de 15 años que está en primero, cinco en tercero y cuarto y 18 de quinto y sexto.

“Los tengo divididos, de un lado están los de quinto y sexto copiando la materia de la pizarra mientras al de primero lo tengo a la par porque debo estar ayudándole a leer y haciéndole prácticas y por otro lado están los de tercero y cuarto que trabajan con el libro y fotocopias”, nos explicó.

Doña Seidy debe ver cómo hace para que el tiempo le alcance porque empieza a dar las clases a las 7 de la mañana y los alumnos salen a las 11:50 a.m., pero a veces se queda hasta la 1 de la tarde dando clases de recuperación.

“Son doce los exámenes que le hago a cada uno por semestre y duro como dos semanas haciéndolos y tardo otras dos semanas revisándolos en la casa. Me acuesto todos los días a las once de la noche y me levanto a las cinco de la mañana”, agregó.

Todo por amor. Dice esta maestra ejemplar que hacer todo eso no es cosa fácil y menos porque le ha tocado dar clases en barrios en donde los conflictos son algo de todos los días.

“Empecé a trabajar en Los Cuadros de Guadalupe. Me mandaron allá porque a la maestra que estaba antes le dio miedo y dejó el grupo botado. Una vez tuve que pararme en la puerta para decirles que me dejaran en una caja todas las armas que andaban y quedé asustada porque me dejaron un puñal que parecía más un machete, una pistola pequeña, marihuana, piedra y cuchillos de diferentes tamaños”, detalló todavía asombrada.

Cuenta que todo lo que hace es por el amor que les tiene a los niños y porque le gusta tratar de cambiarles la vida para que en el futuro no anden en malos pasos.

“Tuve un alumno que era alcohólico y ahora trabaja como guarda de seguridad; tuve otro que andaba robando y asaltando y ahora es papá y tiene 19 años, a una muchacha a la que le costó mucho que ahora está embarazada con 16 años y otra de 17 años que tiene dos bebés y está peleando la custodia de los hijos porque el PANI se los dio a la mamá de ella, pero el problema es que la señora es drogadicta”, detalló doña Seidy.

Algo que le preocupa mucho es que a algunos jovencitos puedan mandarlos a estudiar de noche, porque corren peligro.

“¿Cómo se va a mandar a un chiquito de doce o de quince años a la (educación) nocturna?, es muy peligroso, por eso trato de que lo hagan en el día como los demás niños”, sostiene.

Los alumnos le tienen mucho cariño porque siempre les lleva galletas. Lo hace porque sabe que a veces algunos de ellos no tienen ni para comer y en los cumpleaños siempre les da un regalito.

“La mayoría de los papás son muy pobres y ahorita más bien estoy recogiendo plata para comprarles el paquete de graduación y cortinas para el aula porque la luz a veces no los deja ver bien. También se tengo que comprar algunos pupitres porque los que tenemos están malos y darle otro uniforme a uno de mis alumnos, porque el que le regalé se puso feo”, contó.

Sigue esperando. Aunque parezca mentira doña Seidy lleva once años trabajando para el MEP con esa entrega ejemplar, pero no ha logrado conseguir plaza en propiedad.

“Sigo de interina, pero me gusta mucho trabajar con los niños entonces lo hago por ellos”, explicó.

Es por esta pasión al trabajo por lo que doña Seidy decidió no participar de la huelga de los educadores aunque no tuviera ni un cinco para pagar los pases.

“Yo no he dejado de trabajar aunque en el salario me llegaran  solo ¢1.820. Los chiquitos no tuvieron clases en abril por la falta de agua que hubo y yo dije que si iba a la huelga se me iban a atrasar y los perjudicados iban a ser ellos”, reflexionó la maestra.

La educadora dice que a ella no le tiembla el pulso para ir a buscar a algún alumno que lleve días sin ir a clases sin justificación.

“Aquí, en el país, la educación es obligatoria. Había una mamá que no mandaba al chiquito y por eso yo me fui a hacer el reporte al PANI para que me lo mandaran, a veces voy a hacerles visitas a las casas para preguntar por qu´é no me los están mandando”, contó.

Doña Seidy asegura que seguirá dando clases hasta donde el cuerpo se lo permita porque sabe que los chiquitos son el futuro del país y que solo por medio del estudio podrían tener un futuro mejor y más sano.

“A veces lloro y a veces me río,   pero cuando los veo en la calle como personas de bien siento que vale la pena todo el sacrificio”, dice con todo el orgullo esta maestra que es un ejemplo para todos.

¿qué es?

El Aula edad nació en el 2001 como un proyecto, pero hasta el 2013 se convirtió en un programa de nivelación escolar que da oportunidades de inserción al sistema educativo a estudiantes que presentan una sobre edad en comparación con los niños de las aulas regulares, ya sea por repitencia o deserción.

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