| Disciplina y paciencia las claves de Yeltsin

Sacrificio dio buenos frutos

Cuando Yeltsin Tejeda Valverde dejó atrás su hogar en la urbanización Los Cocos, en el centro de Limón, lo hizo con la idea de ser un futbolista profesional y cumplir algún día el sueño de que su familia lo viera disputar una Copa del Mundo mayor con Costa Rica.

Yeltsin jaló para Chepe, con tan solo 17 años, y estuvo lejos de los chineos de su mamá, Rocío Valverde, quien tuvo que dejar ir a uno de sus pollitos.

El joven se apoyó en el sacrificio, el compromiso y una forma de ser muy madura para poder cumplir sus sueños y metas.

“Él se ha perdido todos mis chineos, y de poder estar con sus hermanos y compartir con la familia. Ha sido muy duro tenerlo lejos y siempre le he dicho que su sacrificio fue tres o cuatro veces más grande, pero gracias a Dios mi hijo cumplió su sueño”, contó emocionada doña Rocío.

Un nuevo Yeltsin. Una de las cosas que más resalta la mamá del futbolista, es que su hijo no es el mismo muchacho que ella dejó ir, e incluso se confiesa sorprendida que con tan solo 22 años sea una persona tan ubicada y madura.

“Yo nunca imaginé que él desarrollara esa clase de madurez, de disciplina y de responsabilidad. Cuando me dijo que quería ir a San José a jugar fútbol, yo le hablé del reto que tenía que enfrentar, pero lo tomó de una forma que no me lo esperaba, ha sido un orgullo”, comentó Valverde.

Asegura que se sentirá muy feliz de verlo representar al país en un Mundial mayor, mucho más que cuando lo vio portando la cinta de capitán con la Selección Sub-20 en el Mundial de la categoría, en Colombia 2011.

A pesar de todo eso, extrañará hablar con él, pues la señora debe quedarse en Costa Rica a bretear en Japdeva, donde labora desde hace 31 años.

Más allá de que sea el mejor jugador del Torneo de Verano, según Unafut, ella lo sigue viendo como a uno de sus pollitos, al igual que a sus otros tres hijos: Yosimar, Dylan y Jair.

“Me alegra muchísimo que mi hijo sirva de ejemplo, él sacrificó muchas cosas, supo lo que era madrugar y coger buses para ir a entrenar y regresar tarde y sin fuerzas ni para comer”, indicó doña Rocío feliz de ver que la decisión de Yeltsin valió la pena.

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