| Francisco oró en polémico muro

Papa sacude Tierra Santa

El papa Francisco sacudió ayer los cimientos de la Tierra Santa con dos gestos que, probablemente, desencadenen nuevas polémicas.

El primero, poco después de que su helicóptero, procedente de Ammán, aterrizó en Belén, la ciudad que vio nacer a Jesús, sin pasar antes por Israel, decisión que causó malestar entre las autoridades israelíes.

Tras ser recibido por el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) , Mahmud Abas, el pontífice se subió a un automóvil descubierto para recorrer los pocos metros que separan la sede de los líderes palestinos de la gobernación de la basílica de la Natividad. Y justo al pasar junto al muro levantado por Israel para separar a los palestinos, el papa se bajó, se acercó a pie y oró en ese muro de hormigón en silencio durante cinco minutos.

Después, inclinó su cabeza y apoyó su frente sobre el frío y gris muro, sin pronunciar palabra pero dejando la imagen para la historia. El muro comenzó a ser construido por el Ejército israelí en el 2003, en plena Intifada o violento levantamiento palestino, y en la actualidad es una combinación de hormigón, piedra y alambrada que aisla la mayor parte del territorio palestino y complica la vida de miles de personas.

Miles de ellas se amontonan cada mañana en las puertas que controla Israel para tratar de cruzarlo en busca de trabajo, ayuda médica, encontrarse con su familia o ir a santos lugares en Jerusalén.

Esta construcción también les ha quitado sus tierras a los palestinos y pueden perder más si el Tribunal Supremo israelí falla en junio a favor del Ejército, al que le ha pedido que ofrezca una ubicación alternativa a las familias afectadas. Conocido como el muro del apartheid (discriminación) por los palestinos y barrera de seguridad para los israelíes, su trazado se prolonga a lo largo de centenares de kilómetros y en julio del 2004 la Corte Internacional de Justicia lo declaró ilegal y ordenó a Israel su demolición.

Francisco guardó su segundo gesto, más conciliador, para el final de la misa, y después de hacer una cerrada defensa de la infancia. Con voz pausada y gesto serio, el pontífice invitó al líder palestino Abas y a su colega israelí, Simón Peres, a sumarse a un rezo por la paz en Oriente Medio y ofreció “su casa” , el Vaticano, para llevar a cabo esta iniciativa.

Francisco subrayó que construir la paz “puede ser difícil, pero vivir sin paz es un sufrimiento”.

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