| Fotógrafo tuvo días intensos en la favela

Una “Ciudad de Dios” habla de fútbol

La vida en Brasil no es fácil, la delincuencia y otros problemas sociales han hecho que algunos sectores sean prácticamente intransitables, principalmente en los precarios conocidos como favelas.

Pero ¿cómo contar en imágenes la infancia de un niño jugando fútbol en las calles de Brasil? ¿como fue la historia del Rey Pelé y tantas otras glorias del fútbol brasileño? Un fotógrafo de la agencia AFP se la jugó y contó la historia.

“Como responsable de fotografía de la AFP en Río de Janeiro, tuve la idea de confiar cámaras de foto a los niños de una favela de Río, “Cidade de Deus” (Ciudad de Dios), para que ellos mismos prestaran testimonio de su pasión, con su propia mirada.

En las favelas de Brasil, los niños juegan al fútbol todo el tiempo, por todas partes, con balones desgastados, en solares polvorientos o contra las paredes de las casas.

Con la llegada del Mundial de 2014, buscaba una manera de ilustrar los orígenes de este fervor de los brasileños por el fútbol. Y para conseguirlo, ¿qué mejor que pedir a un puñado de estos chicos de las favelas que me mostraran su pasión con su propio punto de vista?

Desde mi llegada a Río, en 2011, cubrí numerosas operaciones de “pacificación” de favelas por las fuerzas de seguridad, para mejorar la imagen de la ciudad ante la celebración del Mundial y los Juegos Olímpicos de 2016”, agregó.

Cargando mis cámaras fotográficas, me desplazaba por las favelas para seguir al ejército y la policía a través de las callejuelas. En cada ocasión me veía rodeado de chicos que parecían fascinados por mi trabajo, me seguían a todas partes y me hacían mil preguntas.

Celebré mis 50 años en 2011 y empecé a desear transmitir conocimientos a aquellos más jóvenes. Y así fue como inicie este proyecto.

La AFP se puso en contacto con el fabricante de cámaras fotográficas Nikon France, que aceptó aportar su contribución en forma de diez aparatos Coolpix. En la Ciudad de Dios, una de las favelas más famosas de Río, había simpatizado con un tal Tony, propietario de un taller de fotografía.

Tony se convirtió en mi principal aliado y mi pasaporte: fue el encargado de reclutar a los chicos voluntarios. Fue quien nos acompañó durante tres meses y medio por todo el barrio. Fue quien nos abrió las puertas y resolvió algunas situaciones complicadas.

Todos los fines de semana de febrero a mayo de 2013, Tony y yo acompañamos a través de las calles del barrio a grupos de entre tres y diez chicos de diez a quince años.

Cada uno de ellos iba provisto de una cámara fotográfica y tenía el cometido de captar imágenes cuyo tema fuese el fútbol. Las sesiones duraban de tres a cuatro horas por lo general, a veces días enteros. No fue sencillo de organizar. Cada vez había que pasar a buscar a los pequeños a sus casas, acompañarlos de regreso, llegar al mismo tiempo a los mismos lugares, tomar fotografías sin que ningún miembro de nuestro grupo figurase en el campo de visión.

La experiencia fue apasionante y el resultado sorprendente. Me maravilló que estos chicos fueran capaces de obtener tan buenas fotografías. En este caso, los jóvenes contaron con la posibilidad de mostrar los lugares donde viven y el origen de su pasión por el fútbol. El resultado no puede ser más sincero en mi opinión.

Las favelas poseen leyes no escritas. Por ejemplo, todo el mundo sabe en Ciudad de Dios que es mejor no prestar atención a lo que ocurre en casa del vecino. Yo no conocía estas leyes. Llegaba con una nueva mirada. Y les hacía descubrir cosas que siempre habían tenido frente a sus ojos, sin llegar nunca a observarlas.

Aunque Ciudad de Dios ha sido oficialmente pacificada, no es un lugar tranquilo. A veces nos encontramos cara a cara con los narcotraficantes, molestos por ver todas esas cámaras fotográficas. Pero gracias a la hábil intervención de Tony, esos momentos de tensión nunca fueron a más”, concluyó.

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