| josé redondo diseñó “chemas” para el concierto de hoy

Chanea a los fiebrazos

Lo primero que pensó José Redondo cuando se enteró de que Paul McCartney vendría a Tiquicia fue en utilizar su talento para sorprender a todos a los compas y familiares.

Este vecino de Cartago es fiebre de los Beatles desde chiquitillo y quiso aprovechar la ocasión para diseñar algo diferente, relacionado con la visita de “Macca” al país,

“Pensé en que es difícil conseguir mercadería oficial de Paul, menos con algo alusivo a Costa Rica, por eso me diseñé la camiseta. Primeramente fue para mi familia pero después de unos días el rumor se extendió y terminé vendiéndole a gente de todo lado”, comentó el fanático.

La “chema” lleva en el hombro derecho la bandera tica y al frente incluye la fecha de hoy, un día tan esperado para muchos seguidores de los Beatles en el país.

José agregó que la idea de hacer las camisetas nunca fue por negocio y que la distribución fue solamente por tener un recuerdo de la presentación de McCartney, en el estadio de La Sabana.

“En la primera tanda hice como 10, después el número empezó a crecer. Llegué a venderle a gente de Tarrazú, Liberia y de otros lugares. ” explicó el diseñador.

El fiebrazo terminó vendiendo 65 “chemitas” cada una a cinco o seis rojitos.

Uno de los sueños de este seguidor del artista británico es ver aunque sea una de sus “chemas” encima del escenario.

“Sería chivísima que Paul suba a alguien que me haya comprado una camiseta. Sé que el ritual de él es subir a dos chicas, ojalá que alguna de ellas tenga puesta una camiseta”, afirmó el cartaginés.

Cada uno por su lado. El diseñador asistirá al conciertazo junto con su esposa, Carolina Montero, pero a la hora del espectáculo cada uno jalará por su lado.

“Teníamos un trato desde antes de casarnos. Yo le dije que si algún día venía Paul McCartney yo iba a comprar la entrada más cara que pudiera y con ayuda de ella lo hice”, agregó.

Redondo ya tiene un campo asegurado en la sección platino, donde las entradas cuestan ¢325 mil mientras que su esposa le tocará escucharlo desde la gradería, donde el precio ronda los ¢40 mil y ¢165 mil.

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