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El condominio de los buses

El interior del bus fue acondicionado por Orlando Durán como su casa de habitaciión.
El interior del bus fue acondicionado por Orlando Durán como su casa de habitaciión. (Marvin Gamboa)
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Cuando se piensa en condominios es normal imaginar casas o apartamentos acomodados horizontal o verticalmente.

Claro,  siempre hay excepciones en la vida y eso lo saben muy bien en un pueblito de Puriscal donde hay uno sobre ruedas.

 Sí, así como lo lee, la cosa es que en la comunidad de Bajo La Legua hay un hombre que  construyó su propio “condominio” haciendo un muy buen uso de buses viejos.

Ese hombre es  don Orlando Durán, quien hace cinco años convirtió un bus en su   casa y  ya trabaja en el segundo para  que sea en el futuro la casa de huéspedes.

 “Hoy en día, a como está la construcción,  invito a la gente a que intente hacerse una casa así. No se va a arrepentir porque es algo diferente y cómodo. Además, uno se siente orgulloso por haberlo hecho con las propias manos”, explicó.

La segunda “casa-bus” está casi lista y no sería raro que en algún tiempo se unan más inquilinos a este condominio tan especial.

Don Orlando breteó algunos años en la “Yunái” y cuando  tenía tiempo iba a las exhibiciones de casas rodantes. En uno de esos eventos  le picó el gusanillo de hacer algo así.

  Ya de regreso a Tiquicia  se puso a trabajar en una empresa de autobuses y en una de tantas se le iluminó el bombillo y le dijo a su jefe que quería comprarle un bus   viejo.

“Él me dijo que sí me lo vendía, que le sacáramos el motor y le diera ¢200 mil. Yo había podido comprar un lote en Bajo La Legua y entonces me lo llevé para allá”, contó el hombre, quien   trabaja ahora para una empresa de turismo.

El bus, de la marca Thomas, es modelo 1980. Cubría la ruta entre Santa Ana y Belén.

De este modo iniciaba un proyecto con el que don Orlando intentaba imitar lo que vio en las exhibiciones de casas rodantes y el que también le daría un techito.

Cuando don Orlando compró el bus lo llevó a su lotecito, se armó una cocina con unos bloques de cemento y   tiró adentro una colchoneta para dormir.

Pero eso fue al inicio, porque en cinco meses convirtió la cazadora en   una casa que no tiene nada que envidiar a una normal.

“Lo primero que hice fue pegar la cerámica porque el piso era muy irregular. Luego le puse paredes y monté el baño. Después le puse el cielo raso, que fue difícil porque es con puras tablitas”, explicó.

Y no es vara, la casita tiene de todo. Cuando uno entra lo primero que se encuentra es la cocina con el comedor, un poco más adentro está el cuarto con la camita y el televisor y en el puro fondo del bus hay  un baño completo. Hasta tienen un pozo que los abastece de agua.

“Es algo muy diferente, pero tenemos de todo. Es lindo y cómodo”, dijo Durán  orgulloso.

Poco después de terminar su particular casita conoció a Andrea Espinoza, quien ahora es su esposa. Ella quedó encantada cuando conoció el lugar.

“Ella pensaba que era solo un cajón, pero cuando lo vio le gustó bastante”, agregó don Orlando.

Según este ingenioso hombre, cuando sus conocidos y vecinos ven su logro se quedan admirados y con razón.

Ahora el hombre saca el tiempo para terminar los detallitos de su segunda “casa-bus” y así tenerla lista para que las personas que lo visitan también sepan lo que es vivir dentro de un bus.

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