| Curas de todo el país visten las sotanas de don Tomás Montiel

Un evangélico viste curas

Tomás Montiel Cruz se convirtió, sin planearlo, en el sastre que mantiene como un ajito a unos 25 padrecitos de este país.

Aunque aprendió el oficio muy joven, a los 17 años, en su natal Nicaragua, fue hace un año que se mandó fuerte con el arte de elaborar las sotanas.

“Fue por casualidad que empecé a hacer las sotanas. Yo fui el sastre de la infancia del padre Bernal Campos y su familia, y aunque le perdí la pista por varios años, me buscó cuando llegó de Roma, Italia, para ver si podía ayudarle con su nueva vestimenta”, contó el hombre, de 56 años.

Como era la primera vez que se echaba al agua, le pidió una sotana de muestra al padrecito y se metió a Internet para ver los estilos.

“Como es tan buen sastre le salió bien la primera, le di otra y también y desde ahí cuando otros sacerdotes me preguntaban dónde me hacía las sotanas les conté de Tomás y se fue corriendo la voz”, dijo el padre Campos, de la prelatura del Opus Dei.

El cura reconoció que la tarea tiene su toque, en especial el detalle del cuello y Montiel se la juega bonito para que todos le queden puros dieces.

El sastre nos contó que lo han venido a buscar religiosos desde Limón y San Carlos.

Aunque es evangélico, no tiene conflicto para vestir a los padrecitos católicos.

“Nos cobija un mismo Dios y eso me ha permitido tener una muy buena relación con ello”, explicó el sastre.

Los estilos. Cuenta don Tomás: “Los más pedidos son los cortes italiano y español, cuyas diferencias radican en el estilo del paletón, además el primero tiene una división en la cintura”, comentó.

Las sotanas más sencillas cuestan 150 rojitos, mientras que si la piden más elaborada con ribetes y disciplinas (especie de pasafajas) le sale por 15 rojitos más.

Los elegantes trajes que lucen cada domingo los padrecitos son hechos en casimir inglés y se llevan en promedio 3,5 metros de tela, eso sí, si el cura está más pochotón, se lleva más telita.

Otro detalle es el largo, que debe quedar a seis centímetros del suelo, así como cada uno de los 24 botones que lleva la prenda.

Aunque entrarle propiamente a cada sotana le toma unos dos días, está tardando entre 8 y 15 días para entregar los pedidos, gracias al aumento de la clientela y que también le hace a todo tipo de ropa en su sastrería Erickson, ubicada en El Rodeo de Coronado.

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