| Sacerdote es voluntario en Guías y Scouts, tránsito, bomberos y Cruz Roja

Tráfico que sabe perdonar

En la Policía de Tránsito hay un tráfico que no hace partes, sino que guía el camino de las almas.

Se trata del sacerdote Douglas Aragón Carmiol, tráfico voluntario desde hace 21 años y que es un cura todoterreno.

Aunque participa en los operativos de tránsito por las noches, prefiere colaborar con el flujo vehicular y dejarle lo de los partes a los otros oficiales.

“Entre más eficiente sea en la confección de boletas, menos gente tendría en la iglesia, por eso mejor no me meto en esas y me dedico a una acción netamente espiritual, de apoyo en algún accidente”, explicó el religioso.

El mandato de Jesucristo de ayudar a nuestro prójimo lo tiene más que arraigado el padre Douglas.

Además de tráfico voluntario es el capellán ad honórem (que no recibe sueldo) de los bomberos desde hace 24 años y desde hace seis es el oficial de los Guías y Scouts de Costa Rica, lo que también le abrió las puertas de forma honorífica en la Cruz Roja.

El padre tiene 26 años de consagrar su vida al Señor; los primeros 18 años ejerció como párroco.

Desde que estaba en el kínder tenía muy claro que sería sacerdote y así se lo dijo a la niña cuando le preguntó por el futuro.

Labor de apoyo. Aunque ha asistido a capacitaciones para la atención de emergencias, prefiere no meterse a los incendios para no complicar las labores, pero está ahí afuerita para aconsejar y consolar a los familiares si hay víctimas y a los mismos socorristas afectados por alguna escena dura.

Los vecinos de calle Lajas, en San Antonio de Escazú, lo conocen muy bien ya que ayudó a buscar a los familiares desaparecidos durante el trágico deslizamiento ocurrido en noviembre del 2010 cuando fallecieron 24 personas.

“Hacíamos oración al inicio de la búsqueda y cuando aparecía alguno de los cuerpos”, añadió el padre.

Durante los últimos siete años ha estado en el Hospital Nacional Psiquiátrico.

“Si uno no viene a atenderlos, ellos no van a tener oportunidad de acercarse a Dios, es nuestra obligación moral, cristiana y humana de no fallarles”, explicó.

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