| Médico del diablo consiguió pase especial para estar en primera fila en la canonización

Mano divina le acomodó el viaje

Don Mariano Ramírez se la jugó bonito en su santa aventura.

El vecino de Pavas, conocido como el “Médico del diablo”, por su participación en la verificación del milagro de Floribeth Mora jaló para el Vaticano a pulsear un campito en la canonización de los papas Juan XXIII y Juan Pablo II y al final terminó entre los invitados de honor.

Don Mariano regresó hace una semana de la capital de la fe y nos contó los detalles de la experiencia que terminó puras tejas.

–¿Es cierto que en el vuelo hacia Roma se fue con doña Floribeth Mora y su familia?

Sí, para mí esa fue la primer señal de que todo saldría bien porque yo pensé que ella iba en otro vuelo, pero coincidimos y nos echamos una conversadita y todo.

–¿Qué fue lo primero que hizo cuando llegó a Roma?

Lo primero fue trasladarme a otro hotel, porque en el que hice la reservación se equivocaron con los datos y no tenían disponible mi campo; pero vea lo que es Dios, al final me dieron habitación en otro hotel que me quedó a la pura par de la plaza de San Pedro.

–¿Cómo hizo para entrar como invitado especial a la canonización?

Cuando participé en la misa de la Negrita de los Ángeles, en la iglesia de Santa Ana, me encontré a monseñor Oder, con quien compartí durante la investigación, y me dio un boleto rojo con el que me pasaron.

–¿A qué hora entró a la plaza de San Pedro?

Eran como las 7:30 a. m., y vieras que bonito porque cuando enseñé la tarjeta roja un escolta del Vaticano me llevó hasta mi asiento que estaba en la fila número 20 frente al altar.

–¿A la par de quién se sentó?

Estaba a la par de varias delegaciones oficiales de países americanos y hasta me tomé fotos con el expresidente mexicano Felipe Calderón.

–¿Pudo ver al papa Francisco de cerca?

Sí claro, lo tuve como a los diez metros de distancia, justo antes de que se montara al papamóvil para ir a saludar a los fieles.

–¿Cómo fue para usted ese momento de cercanía?

Yo no me cambiaba por nadie, porque pasé de pellejearla sin nadie y sin ayuda a estar cerquita del Santo Papa, qué más le puedo pedir a la vida. Ese fue un momento único y muy especial.

–¿Cuál fue el momento más representativo de toda su aventura?

No puedo mencionar uno solo porque fueron varios. Uno fue la misa de entronización de la Virgencita de los Ángeles, el otro momento fue cuando me dieron la tarjeta preferencial, eso para mí fue algo muy especial y por último la misa de canonización de los santos papas que fue el momento más sublime, emocionante y emotivo de todos.

–¿Alguna anécdota?

Cuando entré a la plaza de San Pedro y me ubicaron en mi asiento. Me quedé un rato sentado y después me dieron ganas de ir al baño y cuando llegué a aquellos servicios tan espectaculares se me olvidó hasta a lo que iba porque nunca vi baños tan lujosos en mi vida.

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